Hasta hace dos años, Tomás Escobar jamás se hubiera imaginado que iba a convertirse en una suerte de Robin Hood digital, poniendo al alcance de quince millones de usuarios mensuales de internet todo tipo de contenidos de la industria audiovisual.
Comenzó casi como un juego para este estudiante de ingeniería en Sistemas de 22 años oriundo de San Juan. Al principio, él sólo quería crear una plataforma para compartir películas y series con sus amigos, pero ese pequeño proyecto fue creciendo y hoy Cuevana es la peor pesadilla del negocio de las corporaciones audiovisuales.
La polémica está instalada, sobretodo porque existe un limbo legal respecto de la reglamentación de contenidos digitales. La añeja Ley de Propiedad Intelectual de 1933, en la que se refugian los quijotes de la industria, no puede dar cuenta de las nuevas tecnologías digitales.
Tomás Escobar se defiende argumentando que su sitio de streaming es un simple intermediario que ofrece enlaces a servidores de otras páginas, de manera que no es responsable de la eventual afectación de derechos de terceros.
Lo cierto es que Cuevana debió resistir en las últimas semanas todo tipo de embates de carácter judicial. Primero fue HBO el que le inició a Escobar una causa penal por violación de la ley de propiedad Intelectual. Luego Turner Argentina obtuvo una medida cautelar para bloquear el acceso de los usuarios para las series Falling Skies, BRIC y 26 personas para salvar al mundo. Hace unos días, la empresa proveedora de internet Telecentro decidió bloquear el ingreso de sus clientes a Cuevana.
Frente a este panorama, Escobar está pergeñando nuevas estrategias para seguir adelante con un modelo de negocios sustentable en el tiempo. El joven ya está realizando movimientos en ese sentido. Por ejemplo, llegó a un acuerdo con el INCAA para que todos los productores o autores de películas nacionales puedan publicar sus obras en Cuevana, y así tener un canal de visualización por fuera de las salas comerciales de cine (donde es difícil competir con los estrenos de Hollywood). Los ingresos por publicidad servirían para pagar las licencias de las distribuidoras.
Más allá de lo que depare el futuro, es indudable que Cuevana reconfiguró en un sentido democratizador la experiencia de ver cine y tv en el hogar. El método de streaming digital permite visualizar gratuitamente un contenido online sin necesidad de esperar la descarga. Además, uno puede ver series o películas en cualquier momento, sin tener que adaptarse a los horarios de la televisión por cable, y sin tener que soportar las tandas publicitarias.
Cuevana resiste. ¿Hasta cuándo?
